¿Dios o la nada?

 

¿DIOS O LA NADA?

La pregunta que promete definirnos.

Algunos debates no buscan respuestas, sino pertenencias, preguntas que te transforman en trincheras: creyentes a un lado, escépticos al otro. Unos aferrados a un Creador todopoderoso, otros defendiendo la nada como origen improbable de todo lo existente.

Y en medio de ese ruido, hay quienes no encajan en ninguna orilla, no porque no sepan qué creer, sino porque sienten algo más profundo que las etiquetas.

El creyente dice: "Dios lo creó todo."
El ateo responde: "Nada lo creó, la vida es un accidente cósmico."

Ambas posturas tienen algo en común: la certeza absoluta. La seguridad de tener la palabra final, la tranquilidad de no sostener el misterio. Pero el misterio no desaparece porque lo nombres, ni porque lo niegues... solo se mueve, invisible, esperando que alguien sea capaz de sentirlo.

No todo el mundo encuentra sentido en un dios antropomórfico con barba, coronas o tronos celestes, pero tampoco todos pueden mirar el universo, la vida, la consciencia, y concluir que urgieron de la nada por casualidad.

Entre estos extremos, existe un territorio sin nombre, un territorio para los que no buscan creer, sino comprender.

Tal vez, no se un hombre en el cielo, tal vez, no sea un vacío sin propósito, tal vez, y solo tal vez, sea algo que vibra, escucha, responde, se manifiesta, se oculta, te atraviesa... Una energía inteligente, una consciencia sin cara, un principio que no necesita pronombres ni templos.

No se demuestra con dogmas ni se anula con sarcasmos: se percibe. En el silencio que responde antes de que hables, en los sueños lúcidos que no deberían saber tanto, en la piel que tiembla cuando algo invisible te roza el alma.

El problema no es la idea de Dios, el problema es que lo empequeñecimos, le pusimos cuerpo, jerarquías, género, reglas, castigos; lo hicimos propiedad privada; lo volvimos juez, no origen; lo encerramos en templos que no caben en un universo infinito; y cuando el concepto quedó pequeño... algunos decidieron destruirlo, pero destruir un nombre no destruye lo nombrado.

Con esto, no quiero decir que creo en un dios omnipotente que reparte destinos desde un escritorio estelar, pero tampoco creo que todo exista sin intención, sin sentido o sin coherencia. Creo en algo más grande que yo, que tú, que cualquier mito.

Esa energía que habita la vida misma, que se expresa en la consciencia que me habla en símbolos, en cuerpos, en intuiciones, porque no necesito creer, necesito conectar.

Puedes elegir llamarlo Dios, la Fuente o la Nada, pero si la nada vibra, crea y sostiene ¿realmente es nada? Si Dios no se parece a un humano ¿sigue siendo alguien? Quizás la verdad es incómoda porque no cabe en palabras.

Creo que venimos de algo tan inmenso que asusta mirarlo de frente, un origen sin rostro que se manifiesta en cada átomo, cada decisión, cada latido. Creo que todo tiene poder, incluido tú.

Me gustaría saber, ¿Qué crees tú? ¿Ese "algo" que tu intuyes... como lo llamarías? Te leo en comentarios. 👇🏻



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